CRÓNICA DE UN VIAJE
A CANARIAS
Texto y Fotos:
Jana Marco

El Teide nevado.

Canario.

Herrerillo Canario.

Pico Picapinos.

Mosquitero Canario.

Bisbita
Caminero.

Hyla
meridionalis.

Pinzón azul hembra.

Pinzón azul macho. |
Sin salir del territorio español, pero a 1400 Km. de casa,
partimos mi padre, Jose Luis Marco, y yo rumbo a las islas canarias.
Un conjunto de 7 islas pegadas a las costas africanas y en medio
del océano atlántico que albergan un diverso mosaico de hábitats distintos.
Desde amplios desiertos, zonas de costa, y laurisilvas, hasta 3718 metros de
altura. Con esa altura sobre el nivel del mar y más de 7000 metro sobre el
lecho oceánico, el Teide se convierte en el pico más alto de España, el de
cualquier tierra emergida del océano atlántico y el tercer mayor volcán de
la Tierra.
No es que sea una zona especialmente rica en cuanto a la variedad
de especies de aves, pero todo lo que allí se encuentra puede considerarse
único en el mundo puesto que son todo endemismos, propios de unas islas como
estas.
Eligiendo Tenerife como destino, y tras turbulencias y problemas
ocasionados por la tormenta que azotaba las islas en estos días, conseguimos
aterrizar el día 17 de febrero en el aeropuerto de Tenerife sur, a las 5 de
la mañana.
El primer día y bajo un cielo amenazante de tormenta, bordeamos
la isla de punta a punta.
Lo que en principio era una breve parada para consultar el mapa,
se convirtió en una verdadera locura.
Parados en la carretera, en la zona sur de la isla, un bando de
unos 12 vencejos unicolores (Apus unicolor) cruzaban el
cielo alborotando con sus gritos, justo debajo de ellos una pareja de
cernícalos (Falco tinnunculus Ssp. canariensis) descansaban sobre
un poste, y cuando ya regresaba al coche, caminando como podía sobre un
suelo volcánico, un canto llamó mi atención. Era algo conocido, común y
doméstico… ¡canarios! Crucé la carretera y ahí estaban, un bando de
confiados canarios (Serinus canaria) que canturreaban entre
los matorrales.
No muy lejos de ellos un par de herrerillos canarios
(Parus teneriffae) se movían inquietos entre la vegetación. Pronto
vería lo común que son estas 2 especies.
Continuamos, y en uno de los miradores que rodean la montaña, 3
cuervos (Corvus corax Ssp. canariensis) se acercaban curiosos
a los turistas, aprovechando cualquier distracción para hacerse con bocatas
y galletas.
Bajando hasta la costa por la playa de los gigantes, un
ratonero (Buteo buteo Ssp. insularum) aprovechaba la fuerte
corriente de aire para volar inmóvil sobre sus presas.
Ya casi al nivel del mar, y bordeando unos impresionantes
acantilados, observamos asombrados un halcón de tagarote (Falco
pelegrinoides), veloz y ágil como una flecha que nos dejaba con la boca
abierta y casi sin tiempo de reponernos, echando la vista abajo, una
pardela cenicienta (Calonectris diomedea Ssp. boreales)
surcaba las
aguas sin inmutarse ante la severidad de las olas.
Al día siguiente, decidimos conquistar el Teide. Por desgracia,
el clima nos lo impidió y solo llegamos a “carretera cortada por hielo”, lo
que nos decidió a bajar del coche y disfrutar de la nieve como el resto de
familias que allí estaban.
Por suerte, esa decisión nos permitió ver muy cerca varios
ejemplares de pico picapinos (Dendrocopos major Ssp.
canariensis) que se movían árbol arriba, árbol abajo.
Durante el descenso, esporádicas paradas nos permiten disfrutar
de la presencia de mosquiteros canarios (Phylloscopus
canariensis) y bisbitas camineros (Anthus berthelotii),
pero no es hasta llegar a la montaña roja donde consigo fotografiarlos.
Una vez allí un confiado alcaudón real (Lanius excubitor
Ssp.koenigi) cazar una lagartija de las miles que hay, y se posa en el
margen del camino.
Sobre el mar vuelan reducidos bandos de gaviota
patiamarilla (Larus michahellis Ssp. atlantis) y en una pequeña
charca salada, cerca de la costa, un correlimos tridáctilo (Calidris
alba) picotea las orillas.
Llega el último día, y para hoy toca visita a la laurisilva del
monte de las Mercedes en Anaga (Tenerife norte)
Inmensos y entramados bosques de laurisilva bañados por la
niebla, por donde se ocultan petirrojos (Erithacus rubecula Ssp.
superbus), mirlos (Turdus merula Ssp. cabrerae) y
pinzones vulgares (Fringilla coelebs Ssp. canariensis) y
hogar perfecto de las 2 palomas endémicas de canarias, la rabiche y la
turqué.
Por suerte, tuvimos la increíble oportunidad de ver una de ellas,
la paloma rabiche (Columba junoniae), que cruzó volando la
carretera, hasta perderse más tarde entre semejante espesor.
En el pueblo de Afur, lugar muy parecido al paisaje de Perú, nos
encontramos con cientos de lagartijas y salamanquesas, y con un pequeño
ejemplar de Hyla meridionalis que descansa sobre una hoja
tranquilamente. En el cielo, un macho de gavilán (Accipiter nisus
Ssp. granti) hace incomodar a un grupo de palomas bravías
(Columba livia Ssp. canariensis) que rápidamente abandonan el lugar.
¡Último intento! ¡No nos iremos sin ver el pinzón azul! Sabemos
que hay nieve, y que los accesos están cortados, pero subiremos hasta donde
podamos.
Accedemos por la zona de la Orotava y paramos en el kilómetro 24,
al igual que un buen número de gente. Cual es nuestra sorpresa cuando
observamos casi sin creerlo, que en las mesas de picnic, al lado del coche,
buscaban comida un grupo de unos 25 pinzones del teide (Fringilla
teydea). ¡Increíble! 1 hora sentada a tan solo 1 metro de ellos, y
observando incluso disputas entre pinzones y picapinos, por la
comida. Sobrevolada por reyezuelos canarios (Regulus
teneriffae) y lavanderas cascadeñas (Motacilla cinerea
Ssp. canariensis) y sobre todo rodeada de esta ave endémica del Teide.
Tras casi 5 días de pajareo intenso, regresamos a casa,
despidiéndonos de los gorriones morunos (Passer
hispaniolensis), las tórtolas de collar (Streptopelia
roseogrisea), y los siempre numerosos canarios que nos han
acompañado todo el viaje.
Desde luego un viaje para recordar, con un final inmejorable.
subir
|