A BORDO DEL ELSE


Texto y fotos: © Rafael Rodríguez.

Experiencia con ANSE en su campaña de otoño para el seguimiento de aves marinas, cetáceos y tortugas marinas, en la región de Murcia.

La historia de esta campaña fue un poco rocambolesca en sus inicios. Me enteré de ella por el anuncio puesto en su día por ANSE en la revista Quercus. Me llamó bastante la atención pues combinaba diversos elementos que motivaban mi espíritu aventurero y naturalista: navegación, aves marinas, cetáceos y tortugas marinas… que más se podía pedir. 

Como ya conozco esas aguas de otras experiencias decidí probar suerte y entrar en el proceso de selección. La campaña que debía haberse llevado a cabo en octubre se fue alargando en el tiempo, por diversos motivos que afectaban a la correcta organización de esta campaña, la última del año, ya que estuvieron saliendo durante el verano. 

Al final los seis días de campaña se fijaron para los inicios de diciembre, del 1 al 6, creo recordar. El primer día o más bien esa tarde se iniciaba la campaña en Cartagena con un cursillo – al que no pude asistir por asuntos médicos – de introducción a la metodología a emplear y los animales que serían objeto de estudio. 

Cuando llegue, acababan de finalizar el curso (la culpa un atasco en la entrada de Murcia), mi gozo en un pozo. De la sede de ANSE en Cartagena pasamos a acomodarnos en el velero Else, perteneciente a la asociación. Aquí es donde los voluntarios nos alojaríamos durante los días que durara la campaña. 

Las expectativas de avistamientos y de tiempo eran muy buenas, en un principio. Con esta  motivación, la embarcación – por cierto muy bien pilotada por su patrón – puso rumbo hacia San Pedro del Pinatar, puerto que sería la base de la campaña. Nos despedía un cormorán moñudo. Así que conforme salimos del puerto de Cartagena comenzamos con nuestra tarea de censo. 

En esta primera jornada, lo que más pudimos observar fueron pardelas; alguna mediterránea y cenicienta pero sobretodo las baleares. También fue de destacar la presencia de un par de gaviotas sombrías, y de gaviotas reidoras, cabecinegras y como no, de patiamarillas. Muy poquitos alcatraces para esta primera jornada. 

Ya en la segunda jornada, navegamos desde S. Pedro del Pinatar, hasta la localidad de Sta. Pola y volver, por muy poco no llegamos a la Isla de Tabarca. La abundancia de pardelas baleares y de alcatraces fue abrumadora. Aunque las gaviotas fueron las reinas indiscutibles de la campaña. En esta segunda jornada se produjo la primera cita en el muestreo de la gaviota picofina. 

De esta segunda jornada también se puede extraer otra conclusión (y que se haría patente con el devenir de la campaña), desde Guardamar del Segura hasta Pilar de la Horadada, todo el litoral es cemento y hormigón, a lo que todos nos preguntábamos: ¿Este es el urbanismo serio y sostenible del que tanto se vanagloria el Molt Honorable President y su Conseller de Territori i Habitatge? Un desastre, vamos. 

En la tercera jornada solo llegamos hasta Guardamar. El dato importante fue la detección de una gran cantidad de alcatraces, tanto jóvenes como adultos. Y como no de gaviotas, en especial la patiamarilla y reidora. En toda la campaña solo se avistaron unos pocos ejemplares de Audouin, un par de ellos jóvenes. En esta jornada también cayeron en el censo unos cuantos individuos de cormoranes. 

En la cuarta jornada, a mitad del día nos pillo el temporal de lebeche (llebeig, en valencià) y en las aguas del Cabo de Palos y Cartagena es tan extremo como el levante en nuestras costas. El patrón ya sabia del asunto, e intento dejar el barco en Cartagena. No nos dio tiempo, el viento y las olas nos atraparon en el Cabo de Palos y nos toco dar media vuelta. 

Una reflexión: era increíble ver como no avanzábamos –durante diez minutos vi el faro de Cabo de Palos a la misma distancia – y en cambio las olas azotaban cada vez con más fuerza la proa de nuestra embarcación. La verdad es que tenía su punto excitante, pero mejor era no arriesgar, porque si nos quedábamos sin combustible podríamos acabar en Malta, o en las costas de “Berbería”. 

En este día quizá las aves marinas se olieron lo que se venia encima y volaron hacia aguas más tranquilas. Solo vimos gaviotas reposando sobre las jaulas de engorde de las diferentes granjas marinas del litoral de la Manga de Mar Menor. 

El día que nos quedaba nos dio para hacer una visita al Parque Regional de las Salinas de San Pedro del Pinatar. Así visitamos los distintos ambientes de la zona, pudiendo apreciar entre otros: flamencos, cormoranes, gaviotas picofinas, correlimos tridáctilo, vuelvepiedras, archibebe común, avocetas y cigüeñuelas. El temporal había dejado en la zona de playa un par de cadáveres de morenas.  Esto da que pensar: a lo que se debe enfrentar la fauna de los fondos costeros cuando se les echa encima un temporal de este tipo. 

Conclusión como experiencia personal: muchas gaviotas patiamarillas, mala suerte a la hora de ver delfines (ninguno), una gran alegría de ver pardelas volar en su peculiar modo y unas buenas amistades que he hecho, como en cada una de mis “aventuras naturalísticas”.                                                          

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