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PAJAREANDO POR GALES
Por José Manuel López y
Antonio Ortuño.
La idea de
hacer un viaje a Gales surgió a raíz de un mensaje en Avesforum que hablaba sobre la
Isla de Skomer, donde se instala una de las mayores colonias de álcidos y aves marinas
del noroeste de Europa.
Aunque en
Escocia o Islandia también hay importantes colonias de marinas, las de Gales,
lógicamente, son más asequibles para una escapada de tan sólo 4 días, que era el
tiempo de que disponíamos en junio, uno de los mejores meses para visitar estas colonias
en época reproductora. Además, la disponibilidad de vuelos al Reino Unido hacía
bastante fácil preparar un viaje tan corto.
Así pues,
tomamos un vuelo nocturno a Bristol con Easyjet, de forma que a las 5 de la mañana del 9
de junio (hora local a la que amanecía) ya estábamos observando las primeras aves
británicas (corneja negra, acentor común y graja, entre otras claro). Para viajar
alquilamos un coche durante la estancia en Gales, que es la mejor manera de moverse para
pajarear.
De todo lo
que tuvimos oportunidad de observar, lo más destacable podríamos resumirlo en los
siguientes sitios.
Isla de Skomer. La magnitud
de la colonia es indescriptible, y sobrecogedora. Y es que en una isla de relativamente
fácil acceso, aunque nosotros tuvimos que esperar dos días para poder ir, por el mal
tiempo. Con unos 3 Km2, alberga una de las colonias de aves marinas más
impresionante, destacando: Frailecillo (unas 6.000 parejas según los censos locales,
aunque a nosotros nos parecieron más), Arao común (14.000 indiv.), Alca común (+3.000
indiv.), una colonia de gaviotas tridáctilas inmensa, amén de cientos de parejas de
Fulmar boreal, y multitud de gaviotas sombrías, argénteas y gaviones. El espectáculo
merece la pena y se pueden fotografiar cuatro o cinco especies fácilmente: los
frailecillos se dejan acercar a un par de metros, algunos te pasan entre las piernas. Y
sin contar que, según parece, en la isla crían más de 100.000 parejas de Pardela
pichoneta, la tercera parte de la población mundial. Aunque sólo vimos algunas volando
sobre el mar, pues es crepuscular, nos comentaron que el espectáculo de la colonia
regresando a tierra en una noche sin luna y cubierta de nubes es algo absolutamente
inolvidable. Docenas de ostreros anidan en el interior, así como zarapitos reales, y 1
barnacla canadiense pasó graznando sobre nuestras cabezas. En las playas sesteaban las
focas grises, y en el mar no dejaban de verse grupos de marsopas y delfines saltando sobre
las olas.
South Stack. Situado al N de Gales, en el extremo de la enorme Isla
de Anglesey, en un conjunto de acantilados marinos donde se encuentra la Torre de Ellin
(una de las muchísimas reservas de la RSPB y donde mantuvimos conversación con los
ornitólogos que allí se encontraban haciendo seguimientos diarios de aves) situada sobre
rocas negruzcas del Precámbrico, que datan de unos 600 millones de años. Aquí también
tuvimos oportunidad de disfrutar de otra enorme colonia de alcas y araos comunes, gaviotas
y algunos frailecillos. Algún cormorán moñudo, gaviota tridáctila y otras especies.
También vimos chova piquirroja (por aquí una especie muy estimada) y una pareja de
cuervos. Como en otros tramos de costa, resulta habitual el bisbita costero (Anthus
petrosus).
Strumble Head. Otro
de los varios acantilados estupendos que visitamos. Lo que más nos llamó la
atención fue: primero, la total ausencia de construcciones humanas en muchos de los
kilómetros de acantilados que abarcaba nuestra mirada, salvo el faro, y segundo, la
concurrencia de muchos ornitólogos de todas las edades (la mayoría provistos de hamaca y
telescopio) disfrutando plácidamente de la inmensidad del mar y de las diferentes aves
marinas del lugar. Para no aburrir con nuestra lista de aves, destacar solamente que nos
deleitamos especialmente con el vuelo sereno del fulmar, a tan escasa distancia que no
conseguíamos atraparlo con nuestros prismáticos. Más focas grises, gaviones y otras
especies.
Craig-y-Llyn
(Glamorgan). Aunque teníamos previsto hacer una incursión más al interior de
Gales, concretamente el Lago Vyrnwy y los bosques de Clocaenog, especialmente para tratar
de ver dos de las joyas de la fauna forestal galesa: el Lagópodo escocés y el Gallo
lira, tuvimos que conformarnos con un largo paseo por uno de los mejores bosques de
coníferas de Gales, por otra parte muy frecuentes allí. Durante el mismo, disfrutamos de
un tipo de bosque desconocido en el sur de España. Predominan en estos abetales Pinzón
vulgar y Chochín. Aquí vimos un agateador norteño (la única especie de agateador
presente en las Islas Británicas), reyezuelo sencillo, curruca mosquitera o mosquitero
común. Por cierto que hay que reseñar la sorpresa de poder escuchar reclamos
primaverales de muchas especies que en invierno en la Península sólo emiten llamadas de
contacto. De entre los muchos bimbos que nos trajimos de las Islas, aquí pudimos
contemplar una pareja de Pardillo sizerín posados junto a un Lúgano sobre una ramita
seca de una Picea.
Además
de estos sitios, realizamos diferentes paradas en bahías, estuarios (lugares con Cisne
vulgar, Serreta mediana, Tarro blanco, Ansar común...), y bosques apretados de
caducifolios sombríos dominados por arces y robles, o dispersos entre las inmensas
campiñas que forman el principal e inolvidable paisaje verde de esta tierra mitológica
de celtas (con páridos, mirlos, Zorzal común, Lavandera blanca yarrellii,
ratoneros, Milano real e incluso Búho campestre cazando a plena luz del día).
Hemos traído muchos recuerdos de este corto viaje, pero lo que más nos ha
impactado es que en este país un ornitólogo no es un bicho raro, sino alguien al que
todo el mundo respeta y ayuda en lo posible. En una ocasión, nos encontrábamos
pajareando en un bosque cerca de Haverforwest, cuando cerca de allí aparcó un señor
calvo y alto, de más de 50 años con un todo terreno de lujo. Se acercó a nosotros y,
lejos de reprendernos, pues en un primer momento pensábamos que podíamos haber invadido
alguna propiedad privada, nos enseñó las grabaciones de cantos de aves realizadas por
él mismo y que tenía guardadas en su móvil, para que tratáramos de identificarlas.
Además de hacernos algunas imitaciones con su propia voz a tal efecto, nos recomendó
visitar un nido de Osprey (águila pescadora) que criaba en la finca donde
tenía su casa.
En otra
ocasión, en una estupenda granja (B&B) donde nos alojamos por casualidad, la señora
dueña de la casa (que no tendría menos de 70 años) nos mostró un nido de
Wren en una maceta poblada de musgo junto a la entrada de su vivienda. Ante
nuestra incomprensión sobre la identificación de dicho ave, la mujer se introdujo en la
casa y volvió enseguida con ¡una guía de aves!, bastante desgastada por el uso. Por
cierto, que se refería al Chochín.
El tiempo se
nos pasó tan rápidamente que estuvimos a punto de perder el avión (no es broma). Lo
curioso del caso es que a ninguno nos habría preocupado en exceso perderlo.
En fin,
acabamos de llegar y ya estamos deseando volver.
Subir.
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